alimentacion_zhazhen_comemos bien?

Hoy en día vivimos una psicosis por la comida. Nos preguntamos ¿comemos bien? Y con decirnos a nosotros mismos que comemos de todo, acallamos nuestra conciencia. Pero en el fondo sabemos que no comemos bien.

Comer mal es muy barato. Mejor dicho, comer bien es muy caro. Caro, no sólo por lo económico, que también, sino que necesitamos más tiempo para comprar, organizar y cocinar los alimentos.

Salvo que podamos volver a los tiempos de nuestros abuelos, donde no había pesticidas, ni abonos artificiales, ni que decir de todos los alimentos transgénicos, al igual que tampoco había ese exceso de contaminación en nuestros mares y el pescado no tenia en sus tripas restos de plásticos, solo en ese caso, podríamos decir que comemos bien.

Por desgracia nos ha tocado vivir en una época donde la superpoblación y el exceso producción de alimentos van a una. Necesitamos más alimentos para mantener a más población. Pero ese no es el tema. El tema es que toda esa super producción ha llevado a desvirtuar los tiempos de cultivos, los tiempos de engorde de reses y aves, así como el tener que reducir el tiempo de recogida de frutas y hortalizas, llegando, en muchos casos, a recolectarse en tiempo aún sin madurar para que aguante las largas distancias que recorren esos productos.

Como no podemos hacer casi nada al respecto (salvo que dispongamos de un huerto y un terrenito donde tener gallinas y algún que otro animalito), tendremos que conformarnos con lo que compremos en la tienda. Pero no desesperéis. Todavía hay esperanza de comer medianamente bien si nos lo proponemos.

Los alimentos son como todo en la vida. Podemos comer comida, o podemos comer alimentos. No es lo mismo. La comida es cualquier cosa que podemos ingerir para no morir de inanición. La alimentación es el poder que tienen ciertas sustancias para nutrir nuestro organismo y darle el aporte necesario para cubrir todas las necesidades de nutrientes que necesita para poder realizar su trabajo. Os pongo un ejemplo. ¿Alguna vez habéis probado un tomate que sabía a tomate? ¿recordáis su sabor y textura? ¿tiene algo que ver con el que compráis en el super? Claro que no. No es lo mismo un tomate recién cogido de la huerta de tu abuelo, regado y cuidado con artes tradicionales, en su tiempo, recogido a su hora y sacado de semillas de años anteriores. El sabor es alucinante. Bueno, contando con que el del super tenga sabor, claro.

Ahora bien, estaréis pensando: “muy bien, pero yo ¿de dónde saco tomates de huerta? Como he dicho antes, salvo que tengas pueblo y tu abuelo aún cultive su huerto, es difícil. Si que podemos tirar de huertos urbanos, pero, sinceramente, no creo que penséis que es la mejor opción. Ni tenemos el tiempo suficiente en nuestras ajetreadas vidas y a lo mejor tampoco estamos en situación de querer tenerlo. Pero hay otras opciones.

Comer bien implica un par de conceptos. Por resumirlo. Si comemos bien, intentaremos no comer nada que venga envasado ni en bolsa. ¡Uf! ¡Pero qué dices loca! Tranquilos. Es posible. ¿Os acordáis de esos establecimientos que estaban en todos los barrios y que se llamaban mercados? Pues bien, ahí podéis encontrar todos los alimentos frescos que queráis. Evidentemente, no digo que esos alimentos no estén cultivados en campos poco sostenibles ni que las carnes ni pescados no salgan de los mismos sitios que los que compramos en el super, pero una cosa no me podréis negar:  se evitan muchos de los conservantes que tienen que llevar para mantener esos alimentos envasados. Lo ideal sería comprar productos con certificados ecológicos, que no usen transgénicos para su producción. Las carnes más sanas suelen ser las de mataderos pequeños, normalmente situados en localidades pequeñas. Las aves si son de corral, mucho mejor. De corral no quiere decir que sean amarillos, que dan un poco de mal rollo. Las aves ecológicas son más caras, pero se nota enseguida en su sabor y su textura. Hay muchos avicultores que venden su producción y que dan garantías de calidad ecológica y de crianza natural. Los huevos son otro producto al que no se le da mucha importancia, pero que sepáis que hay 4 tipos de huevos. Ni que decir tiene que los más saludables son los que comienzan en su código (que está impreso en la cáscara) por un cero.

Por otro lado, hay muchos mercados, cooperativas y mercadillos agrarios en todas las ciudades. Es tan fácil como trastear por internet y mirar donde están. En Madrid tenemos un mercado fantástico el primer domingo de cada mes en la Casa de Campo, y os garantizo que por 15€ podéis llevaros un carro lleno de frutas y verduras recién cogidas y de una calidad estupenda.

Bueno, ya tengo los alimentos. Y ahora… ¿qué hago con ellos? Pues, sobre todo, no dejar que se estropeen en la nevera. Os recomiendo que, sobre todo verduras, carnes y pescados que no vayáis a consumir en los 2-3 días siguientes a su compra, que los metáis en bolsitas y al congelador. Así siempre tendréis disponible para su uso en cualquier momento. Para su cocinado os sugiero que lo hagáis a temperaturas bajas. Vapor, plancha y horno son opciones muy buenas para carnes y pescados. Con estas formas de cocinado, mantenemos los alimentos con un alto contenido de nutrientes.

No me voy a olvidar hablar de nuestro maravilloso aceite de oliva. Cualquier plato que se precie, aumenta su sabor con nuestro maravilloso oro líquido. Aquí también voy a poner una nota. No todos los aceites de oliva son iguales. Hay muchas cooperativas que venden su producción a particulares. El aceite es un producto que dura muchísimo, por lo que podéis comprar garrafas de 5 litros que salen mas barato. Las super marcas comerciales que venden en los super tienen una calidad “dudosa”. No digo que sean malos, sino que los que salen directos de las almazaras y cooperativas, están mejor. Lo digo por experiencia. Llevo años comprando directamente en una cooperativa de Jaén y estoy encantada. Cuando ves ese color verdoso en el aceite, te dice mucho de él. Y ya cuando lo pruebas y notas ese sabor tan característico…umm se me hace la boca agua.

El otro concepto del que os quería hablar es que tenemos un montón de información en las etiquetas de todo lo que compramos. Por favor, llevaros las gafas y tomaros unos minutos en hacer la compra y leer con atención las etiquetas. Veréis que en la mayoría de los alimentos envasados hay un alto contenido en azucares, conservantes, estabilizantes y un largo etc. Ni que decir tiene que muy sano no tiene que ser. Yo es que soy un poco obsesiva con un par de ingredientes: el glutamato monosódico y los azucares (que, por cierto, todo o casi todo lleva azúcar, no lo entiendo). Evito todos los alimentos que lleven glutamato (o con su código alimenticio E621) y derivados. Lo llaman el sexto sabor, pero a mí me da bastante mal rollo. El tema de los azucares es otro cantar. Yo suelo evitarlo siempre que puedo, porque prefiero llevar una alimentación pobre en azucares. Ya hablaremos de esto en otro post, porque me podría extender hasta el infinito y más allá.

Como os digo siempre, si queréis que os amplíe información, podéis contactar conmigo a través de todas estas formas: CONTACTO y estaré encantada de intentar resolver vuestras dudas.

Hasta pronto

Namasté