Todos hemos tenido dolor en algún momento de nuestra vida. El dolor puede ser agudo o crónico (crónico no es que vaya a durar para siempre, sino que ha sobrepasado el tiempo fisiológico de curación). Durante el tiempo que persiste ese dolor, nuestro humor se ve afectado, mejorando, cuando ese dolor desaparece y poco a poco volvemos a nuestra vida normal. Si el dolor es algo puntual, es un dolor agudo, tipo dolor de muelas, es una experiencia desagradable, pero sabemos que tarde o temprano se acabará, bien porque nos tomemos algún analgésico o bien porque nos quiten la muela. Cuando el dolor es crónico, y vivimos todos los días con él, y ni analgesia ni nada nos alivia, acaba afectándonos, tanto a nuestro humor como a nuestro entorno. Nuestro carácter se ve alterado, la gente que nos rodea se da cuenta e intentan endulzarnos el problema, pero nuestro dolor hace imposible ni siquiera darnos cuenta del cuidado de los nuestros. Entramos en bucle. Cuando nos dicen:»¿qué tal te encuentras hoy?» ¿¿¿Pues cómo voy a estar??? ¡¡¡MAL!!! En el trabajo somos incapaces de concentrarnos y en muchos casos se ve muy afectado nuestro trabajo, llegando a provocarnos largas bajas laborales. Cuando ya lo hemos probado todo, nuestra desesperación es tan grande que, al final, no tenemos ganas de seguir luchando. Parece que estoy dramatizando, pero vivir con dolor es algo muy difícil de explicar con palabras. Si es vuestro caso, o tenéis alguien cercano con este problema, seguid leyendo.

Y después de esto… ¿como puedo tratar el dolor?. Pues bien. Lo que os propongo es un plan de trabajo de 3 semanas. Y, ¿qué vamos a hacer? Cambiar la mayoría de nuestras conductas e introducir nuevas. A partir de este punto ya habrán dejado de leerme más de la mitad. Si seguís leyendo verás que no es tan complicado.

Lo primero que vamos a hacer es cambiar hábitos alimenticios. Introduciremos una dieta sin gluten y sin lactosa. Al mejorar nuestro intestino, mejora nuestro humor y por ende, al reducir la inflamación intestinal, se desdibujan las vías neurológicas que emiten señales a nuestro hipocampo.

En segundo lugar, ¡¡¡vamos a cansarnos!!! El ejercicio es fundamental. Dentro de nuestras posibilidades claro, y al cabo de un tiempo, podremos ir ampliando. El ejercicio va a mejorar enormemente la calidad de nuestro sueño. Un buen plan de ejercicio lo puede diseñar cualquier profesional que se dedique a ello y os puede orientar.

En tercer lugar, vamos a usar técnicas naturales que no interfieran en nuestro tratamiento médico. Os propongo que utilicéis acupuntura, 2 sesiones a la semana hasta que remita el dolor y luego 1 sesión semanal hasta ir incrementando la mejora. Una baza importante es el masaje, que cuando lo recibimos segregamos endorfinas y oxitocina, llamadas hormonas de la felicidad. A este respecto, os sugiero que otra forma de liberar estas hormonas es hacer cosas que nos hagan felices; deporte, coser, pintar, caminar… Cada uno lo que le haga feliz. Otra técnica es la liberación miofascial, que lo que hace es liberar tensiones periféricas y nos ayuda a sentirnos mejor. El mindfulness o meditación, en un programa de 8 semanas, 1 sesión por semana de 2,5 horas por sesión, va a conseguir que liberemos el estrés que nos produce el dolor.

El cuarto punto os va a sonar algo raro. ¡¡¡Vamos a estresarnos!!! Los estudios dicen que el estrés agudo tiene la capacidad de producir analgesia. Pasar frío, hambre, hacer ayunos o un exceso de ejercicio, son un ejemplo (echadle un vistazo al método Wim Hof).

Y bueno, todo esto está muy bien, pero ¿puedo tomar algo? Si. Hay una amplia batería de productos naturales que podéis encontrar en vuestros herbolarios y que van a contribuir en mejorar dolor, inflamación y estados de ánimo. El magnesio va a mejorar los puntos dolorosos y nuestra respuesta muscular. El MSM (metilsufonilmetano), por su actividad antiinflamatoria. CBD ( o Cannabidiol que es el componente legal del cannabis), funciona muy bien con el dolor neuropático. La curcumina y la boswellia serrata para los dolores agudos. La vitamina E y EPA Omega 3, para dolores crónicos. La ashwagandha va a mejorar considerablemente los estados de ánimo. Nuestra gran amiga la Vitamina D3, esa olvidada de entre las vitaminas, porque creemos que, como vivimos en el país del Sol, no la necesitamos. La Vitamina D3 contribuye a la absorción y utilización normal del calcio y el fósforo. Ayuda a mantener niveles normales de calcio en sangre y contribuye al mantenimiento de los huesos y dientes en condiciones normales. Apoya el funcionamiento normal de los músculos y del sistema inmunitario y contribuye al proceso de división celular.

Espero no haber aburrido excesivamente. Sé que es mucha información. Si queréis que os amplíe algún dato, podéis acceder al área de CONTACTO y me mandáis un email y estaré encantada de atenderos.

Hasta pronto.

Namasté

Mi agradecimiento a Healt Institute y a Sura Vitasan por la formación y el apoyo que nos dan a todos los terapeútas que nos dedicamos a cuidar de las personas.