Atardecer zhazhen

Hola a tod@s.

Llevamos mucho tiempo sin publicar en el blog, quizás por falta de tiempo o quizás simplemente porque ante esta situación que nos está tocando vivir, no caben más comentarios. Después de pasar muchas semanas en casa confinados, con una situación laboral bastante inusual, los niños revoloteando por el salón después de meses sin aparecer por la escuela, los abuelos con perdidas abrumadoras de actividad y reflejos, situaciones familiares hostiles y un largo etc, nos encontramos en con un horizonte muy incierto. Por todos lados oímos noticias catastróficas, la economía se hunde, cada vez más enfermos, una crisis mundial…. Y ante este panorama, ¿Cómo pensáis que nos encontramos? La mayoría desalentados. Muchos con picos brutales de ansiedad. Han aparecido miles de personas que han desarrollado miedos,fobias y manías que, sumadas a la propia desesperación por no contagiarnos, han desbordado nuestra psique y nos han llevado a un camino de paranoia que nunca pensábamos que podríamos transitar.

Y ante esto, ¿Cómo actuamos? Os podría hablar largo y tendido acerca de técnicas de relajación, meditación, terapias espirituales y de un sinfín de cosas que pueden ayudar en estos momentos. Os podría contar como ha mejorado fulanito o menganito con esta o aquella técnica. Pero la realidad, es que nada nos consuela en estos momentos, ya que el problema lo tenemos alojado dentro, en nuestro interior, muy profundo, y se llama miedo.

Miedo. Solo el uso de la palabra ya nos pone los pelos de punta. El miedo es una emoción, normalmente acompañada de sensaciones altamente desagradables. Existen miles de miedos. Cada uno de nosotros estamos repletos de ellos, pequeños o grandes, infundados o reales, y somos o no conscientes de ellos. El miedo, al igual que cualquier otra emoción, es natural en nuestro día a día. También existe en el reino animal. El miedo es el que mantiene alerta a las gacelas cuando aparece el león en la sabana. Incluso hay plantas que cuando se sienten atacadas desprenden sustancias para evitar ser dañadas. El miedo es un estímulo real, que nos mantiene alerta de peligros.

Pero, ¿qué pasa cuando el miedo se convierte en una patología? Es entonces cuando ese miedo nos ha desbordado y se ha apoderado de nosotros, pudiendo dar paso a situaciones de fobia, terror, angustia, ansiedad, insomnio, irritabilidad, o incluso llegar al punto dramático de la anulación como persona. Situaciones que no controlamos, que se escapan de nuestro alcance, esas situaciones nos provocan miedo. Miedo a no saber qué va a pasar mañana, a no estar seguros de nada. Ese miedo nos atenaza, nos amordaza y nos deja bloqueados.

Uf!! Vaya escenario!! No, no os preocupéis, no quiero amargaros la lectura. Simplemente os quería mostrar lo que todos ya sabemos.

¿Y qué os propongo? No es que exista una fórmula mágica que os pueda dar para sacar de nuestra cabeza los miedos. No. Ni mucho menos. Nadie tiene esa fórmula. La única forma de que esos miedos no nos anulen, es reconocerlos, aceptarlos y finalmente plantarles cara enfrentándonos a ellos. Seguramente los miedos seguirán, pero no tendrán tanta fuerza. Seguiremos mirando de reojo a lo que nos rodea, pero estaremos preparados para cuando venga aquello que nos da miedo. Si es el futuro, nos pillará preparados. Si es una situación hostil, la afrontaremos. Si es la incertidumbre de qué va a pasar mañana, esa seguirá estando, pero al menos habremos aceptado lo que venga, y si no depende de nosotros el resolverla, no queda otra que aceptar la situación.

Por mucho que luchemos contracorriente, no avanzaremos. No se trata de dejarnos llevar por la corriente de los acontecimientos, se trata de agarrarnos con fuerza a cualquier cosa que nos mantenga a salvo, y poco a poco, alcanzar la orilla para ponernos a cubierto. Para unos será su fe, para otros será su trabajo, para otros la familia. Sea cual sea tu tabla, agárrate a ella y lucha por salir a flote. No permitas que los miedos te arrastren y te ahoguen.

Usemos herramientas sencillas de limpieza emocional. Dejemos de ver tanta televisión, de leer tanta prensa fatalista, de rodearnos de comentarios devastadores y catastrofistas, de sumirnos en la desesperación de un futuro incierto. Nadie sabe que va a pasar mañana. Así que cargaros de buenas intenciones, leed noticias sanas, libros que os lleven a otros mundos de fantasía y que distraigan vuestras mentes. Utilizar vuestras manos para hacer cosas, plantar semillas, hacer punto, pintar, restaurar muebles viejos. Jugad con vuestros hijos, volved a soñar y a tener sueños, ilusiones. Volved a crear magia en vuestros hogares.

Como digo, esto no es una fórmula mágica, ni mucho menos. Son ejemplos para poder soportar la situación actual, que, a mucha gente, se le está haciendo cuesta arriba.

Despojémonos de nuestros miedos y miremos al horizonte con otra actitud. Con la actitud del que comienza una nueva etapa llena de retos y cambios.

Namasté